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viernes, 24 de mayo de 2013

Lupe Cajías afila su entrenada pluma cuando se refiere al MINERO ese personaje nuestro nacido antes que la República y sostén de la economía. muy a propósito de los conflictos.


Puede Bolivia existir sin los trabajadores mineros? No. La república se trazó sobre el territorio de la Audiencia de Charcas, espejo del eje de influencia del Cerro Rico de Potosí, mina de plata y de otras vetas. Desde entonces, la economía boliviana depende de la explotación minera.
¿Puede Bolivia seguir adelante sin Fuerzas Armadas? Sí. Como sucede con el país más democrático del continente, Costa Rica, que no gasta en armamentos, sino en educación fiscal y salud universal. Sin militares, no padeció golpes de estado sangrientos.
¿Por qué el Estado Plurinacional, que desconoce el pasado en otros asuntos, ratifica una resolución de un exdictador para dar una jubilación de lujo a los uniformados? ¿Por qué Domitila Chungara, esposa de un minero del centro más importante del Siglo XX murió pobre, mientras asesinos como Luis García Meza o Luis Arce Gómez cobran sus buenas pensiones? No basta pelearse por el ataúd de una mujer símbolo, como protagonizaron las masistas cocaleras, hay que tener un mínimo de consecuencia con el discurso oficial.
¿Por qué no se iguala la escala de jubilación de los uniformados con los mineros? ¿Por qué no se baja el 100 por ciento de sus pensiones para equilibrar la balanza? Unos generan riqueza; otros la gastan y cómo y dónde y para qué. ¿Acaso es más importante para los bolivianos comprar un tanque que rehabilitar un socavón en Colquiri? Desde la Guerra del Chaco, el gasto en armas fue para reprimir al pueblo, sobre todo a los mineros, sea en Huanuni, Milluni, Caracoles o en la Chojlla.
Este país se llenó de libras esterlinas, dólares y euros –en forma lícita– gracias a los mineros. Es más, la actual bonanza económica, que permite al Gobierno adquirir aviones sofisticados o preparar fiestas de todo tipo, es por el trabajo de los obreros.
En este nuevo siglo, la explotación minera abarca desde el oro en el norte amazónico, al uranio en el este, las piedras preciosas en el precámbrico y las cadenas mineralizadas en todos los Andes. Las tomas de minas de empresarios que invirtieron en épocas de vacas flacas y las distorsiones en las cooperativas no son culpa de los asalariados.
Sus ingresos no corresponden a su sacrificio. Es usual que un minero trabaje un turno, la redobla, la re-redobla, para aumentar su paga. Donan mitas solidarias, como el 67 para los guerrilleros, y no se limitan a gritar “Patria o Muerte, venceremos”. Los mineros bolivianos son la nación, la patria, ningún estudiante debe olvidar eso.

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