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miércoles, 9 de marzo de 2011

sobre las famosas BOCAMINAS del Cerro Rico nos habla Carlos Decker publicado en OPINION apoyando cierto trabajo de restauración imprescindible

Por esas casualidades inexplicables que pasan sólo en vacaciones navideñas, leí el estudio de la Empresa Minera Manquiri que determina la existencia de 138 bocaminas en el Cerro Rico de Potosí (93 abandonadas y 42 aún activas). El albur fue aún mayor cuando me llegaron fotografías de algunas de esas bocaminas que están siendo restauradas por iniciativa de la Fundación para el desarrollo sostenible de Potosí, patrocinada por la empresa minera Manquiri.

Me pareció fuera de lo común que una sociedad anónima esté tan interesada en la conservación de esas joyas históricas del país. En la intersección entre la curiosidad y mi bolivianidad, tan deslavada por decenas de años de ausencia, renació el reportero que habita en mi interior. De esa manera, me enteré de la exigencia de la Unesco por conservar el Cerro Rico en calidad de Patrimonio Histórico de la Humanidad. La organización demanda las acciones pertinentes, que implican la restauración del ambiente físico como son las bocaminas, las cancha-minas, pozos de laboreo, etc.

En una de las fotografías que me llegó se observa, según la restauradora Ana María Luna, la bocamina más antigua del Cerro Rico, perforada en roca viva, como todas las otras abiertas luego de la llegada del Virrey de Toledo, quien, según la historia, fue el que ordenó que se “construyeran” con arcos de piedra.

Según la arquitecta Luna, “lo que me apasiona de ese tipo de bocaminas son los resabios constructivos europeos. Pues, es posible identificar ciertas permanencias de la constructiva histórica europea, como es la del Cister (orden religiosa del siglo XI-XII) que se puede encontrar en la forma de apear el arco del vestíbulo de ingreso, una saliente de la roca (los arcos apeados de una saliente del muro, son propios de esta orden religiosa) esto y otros detalles muy sutiles, es lo que me apasiona de estas precariedades”.

Precariedades es el término, pues están ahí sosteniendo la historia del Cerro Rico desde hace más de 500 años y a 4.700 metros sobre el nivel de mar. Es muy probable que ustedes en Bolivia sepan más que yo sobre este tema, pero también es posible que la cotidianidad del boliviano medio haga de vendaje y no permita ver la tarea histórica detrás de la conservación de una reliquia de importancia mundial, que señala de manera monumental la injusticia, el robo, la miseria y la explotación que significó la minería colonial, pero al mismo tiempo refleja una belleza insólita construida por la mano del hombre. A esta altura de mi comentario me viene el recuerdo del culturicidio de Bamiyan en Afganistán, cuando los talibanes ordenaron destruir las gigantescas estatuas sólo porque representaban un dios ajeno, matando una parte de la historia universal.

En Bolivia, se está haciendo lo contrario, la restauración de esas bocaminas significa emprender la tarea de conservar la historia del pasado, una señal de identidad del país imposible de borrarla.