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lunes, 18 de junio de 2012

Waldo Omiste Flores encontró que Guillermo Lora había reproducido en su Diccionario Político, la Leyenda del Cerro de Potosí escrita por el notable Alberto Ostria Gutiérrez en 1929. Muy bien Waldo, excelente aporte

el fabuloso y único Cerro de Potosí, con su cúspide cónica que figura en el Escudo Nl.
Muchas veces, se van perdiendo obras notables y luego aparecen donde menos uno se imagina.
Este es el caso de la leyenda del Cerro Rico de Potosí escrita por Alberto Ostria Gutiérrez, publicada en la revista "Andina" en 1929 y recogida -quién lo creyera- por Guillermo Lora en su Diccionario Político, Histórico y Cultural. 
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Diccionario Político, Histórico, Cultural
Guillermo Lora (1):


OSTRIA GUTIÉRREZ, ALBERTO. Nació en Sucre el 7 de febrero de 1897 y murió en Santiago de Chile a fines de 1967. Diplomático. Periodista y escritor. Uno de los exponentes de la cultura “rosquera”.

Formó parte del grupo juvenil aglutinado alrededor de Claudio Peñaranda en Sucre.

En 1927 aparece como director de “El Diario” de La Paz. Concurrió, juntamente con Francovich, al sepelio de José Carlos Mariátegui en Lima.

Cumplió muchas funciones diplomáticas. En 1942, fue canciller del gobierno del general Enrique Peñaranda.

Fue diputado y catedrático de la UMSA. Dijo de su país: “Bolivia tierra de contactos, no de antagonismos”.

Abandonó la función pública luego de haberse desempeñado como representante diplomático, en Chile (1942 - 1943 y 1946 - 1952).

Obras principales políticas: “Una revolución tras los Andes” y “Un Pueblo en la Cruz”.

Si sobre asuntos exteriores escribió varias obras, resaltando “La reirp÷ia del n o reino cimiento de la adquisición territorial por la fuerza”, “Una obra y un destino” y “Apuntaciones sobre las negociaciones con Chile” (Publicación póstuma).

Su producción literaria fue vasta. Entre su obras se distinguen: “Rosario de Leyendas”, “La Casa de la Abuela”, “El traje de Arlequín” (en colaboración con Adolfo Costa du Rels) 

Ostria Gutiérrez escribió la leyenda “El cerro Kolque-guacaj” (“El cerro que llora plata”), publicada en la revista paceña “Andina”, de 18 de noviembre de 1929:

“El indio Guallpa fue arrastrado por el éxodo...

En las minas de Porco, donde le llevó su amo, comenzó lo más rudo del trabajo de Gualpa. Allí aprendió a conocer el valor de la plata, que los indios nunca habían tenido en gran estima. Y al convencerse de que con la plata o el oro los débiles se tornaban fuertes y los desgraciados se hacían dichosos, él también soñó en conquistar fortuna.

Pero su ilusión fue breve. Un día su amo, destinándole al cuidado de los rebaños, acabó con todos aquellos sueños. Desde entonces. Gualpa vivía en las pampas áridas, estúpidamente, tan estúpidamente como las llamas que cuidaba, aún veía a su padre, al gran curaca Alcaxuca, -el indio que más tierras poseía en el pueblo Yauqui- y le veía bueno, justo, amado y respetado de los suyos. ¡Y a ese viejo fue a quien un día los blancos hicieron arrastrar amarrado a las colas de dos caballos que partían en distintas direcciones, arrojando luego sus despojos de pasto para los perros! ¿Todo por qué? Por haber sido leal a su pueblo.

El frío de la altiplanicie, azotándole el rostro, incrustándose en la carne y en los huesos, era un rudo tormento para Gualpa... El aprisco estaba en Huiñairumi, y allí tenía Gualpa su rancho, donde dormía juntamente con los perros del rebaño... Esa fue la mísera vida de Gualpa hasta que llegó a querer. ¿A querer? Sí, a querer. Pero, ¿a querer a quién? ¡Ah, a ninguna mujer por cierto! Sabía que a él las mujeres no habían de quererle nunca...

Era su amor una llama, una llamita muy blanca y muy bella que Gualpa había encontrado al pie del cerro Sumaj-Orco, triste, hambrienta, desesperada como un niño sin madre; un pobre animalito que, apenas vio al indio, corrió hacia él sin vacilar, mirándole fíjamente con sus grandes ojos humanos... Gualpa no vaciló en llevarse a la llamita... Así, gracias a la llamita, Gualpa pasó a ser dichoso...

Una tarde, Gualpa como de costumbre apacentaba su rebaño cerca de la planicie cenegosa del Potoj-Uno. En medio de la altiplanicie, separado de la cadena de montañas, solo, aparecía el cerro Sumaj-Orco, Tenía a esa hora un color rojo obscuro, color que hacía resaltar el escaso verde de las queñuas y la rubiez de la paja prendida sobre su costra guijarreña. De pronto, como despertando de un sueño, Gualpa se acordó del rebaño, y más aún que del rebaño, de su llamita, de Cusi-sonkoy. La noche había acabado por vencer a la tarde... Impulsado por un raro presentimiento, Gualpa echó a correr hacia el cerro Sumaj Orco.

Pero el pobre indio, loco de desesperación, siguió corriendo. Repentinamente, le pareció oír un gemido. Al mismo tiempo, sus pies se enredaron en algo y estuvo a punto de caer. Inclinándose entonces para tantear el terreno, tocaron sus manos un cuerpo blando, suave. ¡Era el cuerpo de Cusi-sonkoy!

Comprendiendo lo imposible del descenso a esa hora, Gualpa encendió unos cuantos haces de paja para calentarse y esperar así el amanecer. Cuando al amanecer del día siguiente despertó Gualpa y vio junto a la hoguera extinguida, cristalizadas sobre la costra del cerro, gruesas lágrimas de plata, exclamó sorprendido: ¡También la tierra ha llorado mi desgracia! Y dirigiéndose al cerro, le llamó ‘Kolque-guacaj’ (Llora Plata).

(Así, con ese nombre de ‘Kolque-guacaj’, conocieron todavía los conquistadores españoles al cerro de Potosí, que del mundo fue el tesoro)”.
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(1) Guillermo Lora Escobar (1921 – 2009)
Nació en 1921 en Uncía, Potosí, cerca del cerro de Llallagua. Estudió Derecho en la Universidad Mayor San Simón de Cochabamba, donde inició su militancia en el Partido Obrero Revolucionario (POR), fundado en 1934 como una fusión de distintos círculos políticos con inspiración trotskista, destacándose Tristán Maroff, seudónimo de Gustavo Navarro.

Lora asumió la dirección del POR en 1953, un año después de la revolución del 9 abril del 1952. Luego, en las sucesivas elecciones, el POR siguió como un partido marginal, logrando escasos votos que captaba. Sólo tuvo fuerza en los años 70 entre los estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés de la Paz, quienes se organizaron en el frente URUS, ahora virtualmente desaparecido.

Lora murió el 17 de mayo de 2009, a la edad de 88 años.

viernes, 15 de junio de 2012

el diario de la Villa Imperial de Carlos V, EL POTOSI, publica el artículo de nuestro editor transferido de LTD


 COLUMNA LUMINOSA
El Tratado del 1904 no está muerto
Mauricio Aira
Lamento contradecir al Jefe de Estado, mas en materia de historia y de Derecho Internacional no se pueden cambiar los hechos
con una expresión “alegre y traída por los pelos”, que pasaría desapercibida de no haber sido pronunciada nada menos que por el Presidente del Estado, en un momento de confrontación ideológica inquietante con nuestro vecino.
Abraham Koening plenipotenciario que fuera en Bolivia pronunció en forma brutal los argumentos que dieron base al mal llamado “Tratado de Paz y Amistad” que por desgracia nuestros mandantes fueron ratificando uno tras otro hasta nuestros días. “Nuestros derechos nacen de la victoria, ley suprema de las naciones”. Para nada oyó las réplicas bolivianas. “Que el Litoral es rico y que vale muchos millones ya lo sabíamos. Lo guardamos porque vale, que si nada valiera, no habría interés en su conservación”.
Desde la agresión del 14 de febrero de 1879 han transcurrido 133 años y Chile se aferra “uñas y todo” al famoso tratado suscrito 25 años después bajo una permanente presión porque con él obtuvo plata, cobre, boro, molibdeno, azufre, litio, caliza, cuarzo, puzolana, etc., que son todavía la fuente de un 70 por ciento de las exportaciones con cuyo producto fortalece a sus FFAA muy por encima de las grandes naciones de América Latina como Brasil o Argentina, para desanimar cualquier intento de recuperar por las armas, lo que por las armas obtuvo a partir del asalto al puerto de Antofagasta.
Por desgracia para todos los que amamos a nuestra patria el tratado no está muerto. Es el instrumento ilegal con que Chile sometió a Bolivia y es una de las causas para la pobreza que ha convertido a nuestro país en el penúltimo del continente. Cuando se obtuvo el total respaldo a situar el problema de la salida al mar en un plano continental (OEA: 1979) no hubo consecuencia de nuestra Cancillería en exigir unas negociaciones que condujeran a la solución esperada a partir siempre del malhadado documento que “no está muerto”. Mas al contrario, es “la espada de Damocles” con que Chile defiende su “sinrazón”. Cuánta razón tuvo Juan Pereira Fiorilo al proponer que la OEA por su ineficacia debió trasladar el asunto al seno de las Naciones Unidas.
Si mantener la paz y la seguridad es el primer propósito de la ONU tomando medidas eficaces para eliminar amenazas a la paz y seguridad suprimiendo todo intento de agresión y esgrimiendo la justicia y el derecho, entonces debe ser este organismo que lleve al ajuste, al arreglo pacífico del entuerto entre Bolivia y Chile. La única forma de “matar” al Tratado de 1904 es por esta vía, conformando una comisión de juristas ajenos al continente, al margen del Consejo de Seguridad, que pudiera recomendar las soluciones a la Asamblea.
Bolivia no reclama obtener de retorno toda su extensa costa de 400 kilómetros como en justicia le correspondería, sino un acceso a un puerto de aguas marinas profundas en compensación por el enorme daño económico causado a la patria desde la toma de la costa por sus ejércitos.
Varios de nuestros historiadores han demostrado con cifras contundentes que la economía chilena crece y se desarrolla a partir de la riqueza que capturó a Bolivia por lo que está en deuda económica si se aplicase las cláusulas del daño emergente y lucro cesante en Antofagasta, Calama, Cobija, Mejillones, Tocopilla y otras poblaciones que forman parte del departamento de Antofagasta. Potenciar la relación con Brasil mostrándole que podría beneficiarse de los acuerdos que Bolivia suscribió con Perú para facilitarle transporte de y por Ilo. Robustecer la relación con Argentina. Desalentar el tránsito por Arica e Iquique y priorizar Matarani e Ilo para mostrar a sus pobladores que la relación justa con Bolivia es vital para su economía.
Finalmente, correspondería pedirle a la OEA que borre el tema de su agenda y lo traslade a la ONU, antes de cacarear sobre la muerte de un acuerdo que está por desgracia “vivito y coleando”.


* El autor es periodista