Es el propio Churata que nos cuenta del periodo fetal en Potosí, "Cúpome dar origen al grupo uniendo hombres de tan bello talento" con una frase fdescribe a cada uno. Fidel Rivas poeta "que una noche maldina seccionó la carotina en un cuartucho de mesón" del genial dibujante Victor Valdivia que triungara en Buenos Aires, de Daniel Zambrana Romero un sarónico ironista, de Walter DAlence llamado botarate de cuanto tuvo como caballero templario, de José Enrique Viaña, mi vecino en calle Bustillo gran poeta y escritor. y de Gesta Bárbara "surgió como una contramarcha, como una contención, como un motivo en la escuela silo "quiere el Cid" la época de los primeros 20 del 1900 era de tumores verlainnianos, decadentista y bohemia, se pretendía inyectar licores primitivos en la sangre intoxicada.
en aquel tiempo, según Medinacelli hubo mentiras y falsedades que dieron lugar a desmentidos del mismo Churata, "yo no escribí las Voces Aulicas de Armando Alba porque eso era imposible, pero La Chaskañavi" y Cuando Vibraba la Montaña de Plata trabajaron al calor de las mentes inquietas de los bárbaros. Alba se anunciaba como un escritor "pulcro y documentado" era joven de innatos talentos y de regia verba. Contaron en sus filas a LUis Felipe Lira Girón que venia a Potosí desde Sucre, "era un niño pálido de perfil aguilino, nino excepcional, castizo y fanfarrón", fue con los años gran poeta. En el grupo el Mayor Valentin Meriles, a quien Medinacelli le encontraba cualidades de psicólogo y analítico que hurgó los problemas de la Sociedad en sus obras "La Mala Senda" y "El Alma de al Provincia" que tuvieron éxito local.
Gesta Bárbara salió a luz el 16 de junio de 1918, Churata figura en este número con el pseudónimo de Juan Cajal (porque en el taller era cajista de tipografía). Intervino en este primer número Maria Gutiérez de Medinacelli que dejó escrito "Destino soy mujer, por eso cres/que he de bajar cobrarde la cabeza/y que mis fuerzas, como tal, no pueden/contra ti levantarse/así lo piensas/
Continúa Medinacelli sobre la revista, hay varias notas de Armando Palmero y muchos versos de Alberto Saavedra Nogales, quien a pesar de su reconocida sensibilidad, no prosiguió esa ruta. Uno de versos Dice "Tanta Tristeza con el agua llueve/ que el alma busca sueño o compañía/ y yo estoy solo y sale el alma mia/ y no sé meditar lo que me mueve"/ Saavedra Nogales fue parco y sobrio, de reconditeces del alma potosina, su pensamiento fue expresado con filosofía triste. Veía en Juan Cajal (Churata) un joven recientemente llegado a Potosí, "pálido, Delgado como un niño y humilde como un viejo. Su verbo,, sonoridad y franqueza, decía, es el reflejo de lo que lleva dentro. (humildad, mucha humildad) tanta que perjudica sobremanera. En Churata el artista es superior al hombre, busca el amparo de la sombra anónima y es el enemigo más sincero de la vanidad"
De Saavedra Nogales tengo un gratísimo recuerdo, escribió una esquela a un gran periodista Genaro Saavedra Pérez, el portador es miembro del Comité de Defensa de los Intereses de Potosí, y le hemos impuesto la tarea de informar desde su ilustra Casa Radial, Radio Amauta, en lo posible, según le explicará sus ideas, mediante un boletín diario, con las noticias que salgan de la misión que lleva la delegación de 6 personas ante el Gobierno Del Dr. Siles Zuazo en favor de Potosí". Esa esquela cambió el curso de mi existencia, puesto que don Genaro me preguntó "cuánta gana usted en Radio Potosí, le respondí con una mentira piadora 200, en realidad mi sueldo no llegaba a 100 bolivianos por mes, "pués véngase usted a La Paz y en Radio Amauta le pagaré el doble 400" y así fue a los pocos dias del viaje de aquella delegación, regresé y acto seguido empezé en la Emisora de la calle Comercio a pocos metros del Palacio de Gobierno. mi tarea era, escribir notas de todo tipo, cortas y concretas, leer los 3 noticieros del dia "El Diario Hablado" y ayudar en la radionovelas, en los avisos comerciales, en la locución...un trabajo sin límite de tiempo que yo cumplía con alegría y emoción. (continúa en Churata Tres)
Una vez más se ha confirmado que la negligencia de las autoridades del sector minero bien merece ser calificada como criminal. Ya no es sólo el Cerro Rico el que está en riesgo, sino las vidas de miles de personas
Un nuevo hundimiento se ha producido el pasado miércoles en la cima del Cerro Rico de Potosí, lo que ha vuelto a dar actualidad a un tema que desde hace ya muchos años figura en la agenda de asuntos pendientes sin que las autoridades del sector minero le den al asunto la importancia que merece.
A diferencia de todos los hundimientos anteriores, este último ha cobrado la vida de dos mineros, fatalidad que era previsible dadas las condiciones de alto riesgo en que se realizan las labores extractivas. Como se recordará, las advertencias sobre la posibilidad de que algo así ocurriera son tan antiguas y frecuentes como las noticias que regularmente dan cuenta del paulatino desmoronamiento del Cerro Rico desde junio de 2010, cuando se produjo el primer hundimiento. A partir de entonces, el Comité Cívico Potosinista (Comcipo) ha mantenido en alto su voz de advertencia ante la inminente posibilidad de que el Cerro Rico de Potosí termine de colapsar de un momento a otro.
Sin embargo, tal como viene ocurriendo desde hace siete años, cuando por primera vez se planteó la urgente necesidad de suspender toda actividad encima de la cota de los 4.400 metros, que marca el área de máxima vulnerabilidad, los mineros cooperativistas se niegan a dejar de explotar la cima del cerro sin que haya autoridad estatal capaz de poner un límite a tan poderoso sector.
El Ministerio de Minería y Metalurgia, por ejemplo, desde hace muchos años que hace recurrentes declaraciones de buenas intenciones y de anuncio de medidas para imponer su autoridad sobre las 17 cooperativas que se han apropiado de la cúspide del Cerro Rico, pero hasta ahora ha podido más la capacidad de presión de ese poderoso sector que actúa impunemente por encima de las leyes vigentes en nuestro país.
Mientras tanto, la Unesco vanamente sigue enviando misiones de expertos para que asesoren en la estabilización y conservación del Cerro Rico. Misiones estériles, pues no hay en Bolivia quién tome en cuenta sus recomendaciones. Y tampoco han servido los reiterados anuncios sobre el inicio de procesos penales contra funcionarios del Ministerio de Minería por la manera negligente como eluden su obligación de evitar que se produzca la tan anunciada calamidad.
Es verdad, como sostienen voceros gubernamentales, que algo se está haciendo, pero no es menos cierto que eso no es suficiente, como los hechos lo demuestran. Es que es tan grande el deterioro de la estructura cónica del cerro después de casi 500 años de continua explotación que de muy poco sirven las obras que se hacen para evitar el previsible desastre.
Ante tal situación, y en vista de que ya han comenzado a contarse las primeras muertes, no resulta exagerado calificar el caso como un crimen en pleno proceso de ejecución. Y no sólo porque según los mandatos de la Unesco la destrucción del Cerro Rico merecería ser calificada como “crimen contra el patrimonio común de la humanidad”, sino porque un colapso de las dimensiones que se vaticinan pondría en muy serio riesgo la vida de varias decenas de miles de personas.
Un nuevo hundimiento se ha producido el pasado miércoles en la cima del Cerro Rico de Potosí, lo que ha vuelto a dar actualidad a un tema que desde hace ya muchos años figura en la agenda de asuntos pendientes sin que las autoridades del sector minero le den al asunto la importancia que merece.
A diferencia de todos los hundimientos anteriores, este último ha cobrado la vida de dos mineros, fatalidad que era previsible dadas las condiciones de alto riesgo en que se realizan las labores extractivas. Como se recordará, las advertencias sobre la posibilidad de que algo así ocurriera son tan antiguas y frecuentes como las noticias que regularmente dan cuenta del paulatino desmoronamiento del Cerro Rico desde junio de 2010, cuando se produjo el primer hundimiento. A partir de entonces, el Comité Cívico Potosinista (Comcipo) ha mantenido en alto su voz de advertencia ante la inminente posibilidad de que el Cerro Rico de Potosí termine de colapsar de un momento a otro.
Sin embargo, tal como viene ocurriendo desde hace siete años, cuando por primera vez se planteó la urgente necesidad de suspender toda actividad encima de la cota de los 4.400 metros, que marca el área de máxima vulnerabilidad, los mineros cooperativistas se niegan a dejar de explotar la cima del cerro sin que haya autoridad estatal capaz de poner un límite a tan poderoso sector.
El Ministerio de Minería y Metalurgia, por ejemplo, desde hace muchos años que hace recurrentes declaraciones de buenas intenciones y de anuncio de medidas para imponer su autoridad sobre las 17 cooperativas que se han apropiado de la cúspide del Cerro Rico, pero hasta ahora ha podido más la capacidad de presión de ese poderoso sector que actúa impunemente por encima de las leyes vigentes en nuestro país.
Mientras tanto, la Unesco vanamente sigue enviando misiones de expertos para que asesoren en la estabilización y conservación del Cerro Rico. Misiones estériles, pues no hay en Bolivia quién tome en cuenta sus recomendaciones. Y tampoco han servido los reiterados anuncios sobre el inicio de procesos penales contra funcionarios del Ministerio de Minería por la manera negligente como eluden su obligación de evitar que se produzca la tan anunciada calamidad.
Es verdad, como sostienen voceros gubernamentales, que algo se está haciendo, pero no es menos cierto que eso no es suficiente, como los hechos lo demuestran. Es que es tan grande el deterioro de la estructura cónica del cerro después de casi 500 años de continua explotación que de muy poco sirven las obras que se hacen para evitar el previsible desastre.
Ante tal situación, y en vista de que ya han comenzado a contarse las primeras muertes, no resulta exagerado calificar el caso como un crimen en pleno proceso de ejecución. Y no sólo porque según los mandatos de la Unesco la destrucción del Cerro Rico merecería ser calificada como “crimen contra el patrimonio común de la humanidad”, sino porque un colapso de las dimensiones que se vaticinan pondría en muy serio riesgo la vida de varias decenas de miles de personas.