
una de las regiones más extraordinaria de Bolivia es Potosí cuya fama y portento nacen de su riqueza mineral hasta hoy no desmentida. Potosí vibra por la Nación Boliviana y sus hombres tienen la marca del mayor sentido patriótico
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viernes, 1 de abril de 2011
cuantiosa pérdida de más de millón de dólares por día debido a paro laboral en la Empresa Minera San Cristóbal. LT, CB

jueves, 31 de marzo de 2011
conflicto "por mejores condiciones de salud" tiene paralizada la mina de San Cristóbal. hace 9 días que no alcanza a surgir una solución
miércoles, 30 de marzo de 2011
Radio Fides publica el estado de la dirigencia cívica en Potosí, dispuesta a reanudar su lucha con medidas severas porque el petitorio 2010 no ha sido cumplido por Evo.
“Hemos concluido anoche en el Consejo Consultivo que hemos tenido de que en primera instancia los acuerdos que se han suscrito el 14 y 15 de agosto del año pasado en Sucre no se vienen cumpliendo y en esto ya estamos dando un ultimátum a los ministros que han suscrito estos acuerdos”, explicó Condori en declaraciones a Radio Fides.domingo, 20 de marzo de 2011
José Supera del grupo de La Nación que visitó Potosí y entrevistó a sus personalidades. reflejan sus líneas es esfuerzo, la tristeza, el sacrificio en que viven los mineros de mi ciudad.
miércoles, 9 de marzo de 2011
sobre las famosas BOCAMINAS del Cerro Rico nos habla Carlos Decker publicado en OPINION apoyando cierto trabajo de restauración imprescindible
Me pareció fuera de lo común que una sociedad anónima esté tan interesada en la conservación de esas joyas históricas del país. En la intersección entre la curiosidad y mi bolivianidad, tan deslavada por decenas de años de ausencia, renació el reportero que habita en mi interior. De esa manera, me enteré de la exigencia de la Unesco por conservar el Cerro Rico en calidad de Patrimonio Histórico de la Humanidad. La organización demanda las acciones pertinentes, que implican la restauración del ambiente físico como son las bocaminas, las cancha-minas, pozos de laboreo, etc.
En una de las fotografías que me llegó se observa, según la restauradora Ana María Luna, la bocamina más antigua del Cerro Rico, perforada en roca viva, como todas las otras abiertas luego de la llegada del Virrey de Toledo, quien, según la historia, fue el que ordenó que se “construyeran” con arcos de piedra.
Según la arquitecta Luna, “lo que me apasiona de ese tipo de bocaminas son los resabios constructivos europeos. Pues, es posible identificar ciertas permanencias de la constructiva histórica europea, como es la del Cister (orden religiosa del siglo XI-XII) que se puede encontrar en la forma de apear el arco del vestíbulo de ingreso, una saliente de la roca (los arcos apeados de una saliente del muro, son propios de esta orden religiosa) esto y otros detalles muy sutiles, es lo que me apasiona de estas precariedades”.
Precariedades es el término, pues están ahí sosteniendo la historia del Cerro Rico desde hace más de 500 años y a 4.700 metros sobre el nivel de mar. Es muy probable que ustedes en Bolivia sepan más que yo sobre este tema, pero también es posible que la cotidianidad del boliviano medio haga de vendaje y no permita ver la tarea histórica detrás de la conservación de una reliquia de importancia mundial, que señala de manera monumental la injusticia, el robo, la miseria y la explotación que significó la minería colonial, pero al mismo tiempo refleja una belleza insólita construida por la mano del hombre. A esta altura de mi comentario me viene el recuerdo del culturicidio de Bamiyan en Afganistán, cuando los talibanes ordenaron destruir las gigantescas estatuas sólo porque representaban un dios ajeno, matando una parte de la historia universal.
En Bolivia, se está haciendo lo contrario, la restauración de esas bocaminas significa emprender la tarea de conservar la historia del pasado, una señal de identidad del país imposible de borrarla.
viernes, 4 de marzo de 2011
hermosa composición de Gonzalo Mendieta sobre "Llallagua" el invalorable libro de Roberto Querejazu
Leyendo Llallagua, de Roberto Querejazu Calvo, libro añejo ya, se puede ver cuán iguales son los caminos nacionales, cuán verdadero es eso que dice Gracián en El Político, libro dedicado a Fernando el Católico: “La llave de un feliz y acertado reino consiste en el arrancar y, permítaseme decirlo así, en acertar a encarrilar. Por donde comenzó a correr el caudaloso río, por allí prosigue, que después es género imposible el mudarle la corriente”. Querejazu se propuso, implícitamente, contradecir la tesis cespediana sobre la rosca y sus últimos gobiernos. Quizás su paso por la Cancillería de Alberto Ostria lo predispuso ya de joven, además de sus diferencias con el MNR.
Y así, aunque en su libro no figuran saqueos de tiendas de abarrotes como los de hace pocos meses, sí se encuentran vivos los conflictos por minas, bordeando el enfrentamiento entre cuatreros. El Estado, bien gracias. Los juicios en los tribunales, infinitos, llenos de retruécanos, costosos, ininteligibles e imprevisibles.
El país siempre ha pagado, haciendo honor a los sentimientos de su inicio, a las víctimas, por nuestra gran compasión, pero también a los osados, a los temerarios, a los aventureros que replican a ese soldado español que tanta aversión parece suscitar (sobre todo estos años) en la superficie, pero cuyas actitudes seguimos adorando en la práctica. Sus genes son materia de muchos de los líderes que encumbramos. Padecemos una esquizofrenia entre nuestra búsqueda de justicia y el premio social y político que ofrecemos a la aventura, la falta de reglas y la capacidad de vencer, cualquiera sea la manera.
Que ese tributo al díscolo por encima del prudente se mantenga tan porfiadamente en nuestra vida nacional se debe también, sin duda, al tipo de gente que desde la Colonia nuestro país atrajo por causa de la minería.
Así, se repiten los modelos de la gente propia de las fiebres del oro de otros países: propensos al riesgo inmediato, jugadores, pero no gente inclinada a la vida apacible de la construcción, larga y aburrida.
Entre las cuestiones que más golpean al leer Llallagua están las peripecias del gobierno de Enrique Hertzog para contentar a los mineros sindicalizados a la vez que intentaba no dañar irremediablemente la industria minera privada, “rosquera”, para que siguiera produciendo. En suma, conflictos parecidos a los de hoy, cambiando lo que hay que cambiar (industria petrolera, asalariados y definiciones ideológicas del gobierno, por ejemplo).
También, la parte olvidada de nuestra historia, los personajes constructores: la figura de un Pastor Sainz devenido en próspero industrial minero por causa de la persecución política cruzada con talentos empresariales latentes, a la espera de que la política les dé paso alguna vez que una gentileza así fuera posible.
Es ésta, una reseña algo tardía de un libro de cuarenta y seis años de edad, pero es irresistible, por ejemplo, no citar hoy el terrible mensaje de Don Pastor Sainz, que debería resonar aún en los espíritus de los muchos que matarían por ser Presidente boliviano: “La mayor desgracia que le puede suceder a un hombre es ser Presidente de Bolivia”.
Fiel a esa premisa, Don Pastor, experimentado parlamentario y combatiente contra Melgarejo, rechazó una segura candidatura para ser presidente liberal que sucediera a Montes. Pocos casos de convicciones tan pesimistas llevadas a la práctica contra el hechizo nacional con el poder público.
Menudo río éste de nuestra historia,volviendo a Gracián, que nos hace prisioneros de su cauce y de su embravecido caudal.
Gonzalo Mendieta Romero es abogado
martes, 15 de febrero de 2011
autoridades no actúan ante la magnitud del hundimiento del Cerro Rico no les importa la suerte de miles de mineros que corren el peligro mortal. L.T.
En medio de una sorprendente indiferencia colectiva, sin que el asunto parezca tener ni la más mínima importancia, el Cerro Rico de Potosí está a punto de desmoronarse. En realidad, ya está desmoronándose todos los días, poco a poco. Y aunque todos saben que se está acercando el momento de un inminente colapso, no hay quién haga algo al respecto más allá de declaraciones formales.
Que el Cerro Rico de Potosí con su cónica forma sea uno de los sitios más importantes del patrimonio cultural y natural no sólo de nuestro país ni del continente, sino del mundo, no parece motivo suficiente para conmover a las autoridades municipales, departamentales y nacionales. Que todos los días ingresen a sus socavones más de 15 mil mineros, y que todos ellos lo hagan conscientes de que corren el riesgo de quedar sepultados bajo el peso de lo que queda del cerro, tampoco.
¿Cómo se explica tan negligente actitud? Ni motivaciones objetivas y racionales –las ligadas al alto precio y las enormes ganancias que todavía producen los minerales que salen del Cerro– ni las subjetivas –las atribuibles a un muy conflictivo inconsciente colectivo nutrido de casi 500 años de historia de cruel explotación colonial, primero, y capitalista, después– alcanzan para comprender la indiferencia con la que todo un país espera pasivamente la desaparición de uno de los más importantes elementos de su patrimonio natural y cultural.
Desde el punto de vista de la racionalidad económica, lo que se está haciendo es un monumental absurdo, pues si bien es cierto que los altos precios de los minerales en el mercado internacional proporcionan muy importantes ingresos a Potosí, éstos no llegan a rivalizar con los que proporciona la actividad turística, gran parte de la cual tiene en el Cerro Rico su principal atractivo.
La explotación minera del Cerro Rico, por otra parte, después de 466 años, tiene sus días contados. Más tarde o más temprano llegará a un límite más allá del cual será imposible continuar extrayéndole minerales a no ser que se lo haga, en un futuro no lejano, cerniendo el montón de escombros hasta obtener los últimos saldos.
Más complicado es el asunto si se lo considera desde el punto de vista de los más de 15 mil mineros que, asociados en 36 cooperativas, ingresan todos los días, frecuentemente acompañados de sus niños, a las casi 700 bocaminas que aún son explotadas. Para esas personas no hay una alternativa económica inmediatamente factible, pero tampoco es admisible que su suerte quede definitivamente unida a la de un cerro que se desmorona.
Las autoridades mineras de nuestro país están ya plenamente conscientes de la magnitud del peligro y de la responsabilidad que les corresponde, pero no actúan en consecuencia. Ya saben, porque abundan los informes técnicos que así lo confirman, que las implacables leyes de la física están ya en plena acción. Así lo indica, por ejemplo, lo ocurrido hace tres semanas cuando la punta del cerro, la que le daba su forma cónica, se derrumbó abriendo un cráter de 38 metros de circunferencia y 56 de profundidad.
Ante ello, las autoridades gubernamentales han decidido invertir “hasta 50 mil dólares si es necesario” para “estudiar” el problema. Con ese monto –dicen– es probable que dentro de cinco años tengan por fin los elementos de juicio necesarios para tomar una decisión.